Un fin de semana campestre en Estancia La San Antonio
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Llegar es fácil, ruta 210 km. 40 en barrio Guernica, a 7 km. de la estación de trenes de San Vicente y 17 km de Ezeiza. Sobre la ruta hay cartel  “Estancia La San Antonio” que indica la calle de acceso a la altura de H. Irigoyen al 26400, después de adentrarnos en el barrio, muy pronto se deja ver el arco de entrada y la tranquera que invita a disfrutar de la vida campera.


Siendo las 11 hs y sábado,  luego de acomodar el equipaje en la habitación asignada hay muchísimas cosas para hacer según el gusto de cada quien y los intereses de cada cual, ya que La San Antonio cuenta con lugares al aire libre donde se puede jugar a las bochas, al voley, al páddle o al fútbol, caminar, andar en bicicleta, o simplemente sentarse a la sombra o al sol a ver los animalitos que andan de aquí para allá, entre ellos hermosos pavos reales que se crían en la estancia y que se pasean de un lado a otro. Los más chicos, se divierten viendo a las gallinas seguidas de sus pollitos, gansos y ñandúes, o tienen varios juegos donde disfrutar del paisaje entre camas elásticas, inflables y hamacas, dispuestos todos entre el cielo y el verde suelo.


Pronto, llega el momento de pasar a alguno de los grandes comedores que se utilizan para los almuerzos y cenas. Y allí el placer se hace presente otra vez al degustar las sabrosas propuestas de comida rica y casera, que incluye una entrada, plato principal y postre.


Después del almuerzo, uno puede sentarse en algunos de los bancos bajo los árboles, ir a las habitaciones a dormir una corta o mediana siesta o caminar hacia el lugar donde parten los carruajes y dar un paseo en ellos; Otros pueden optar por andar a caballo.


Cerca de las cinco de la tarde se sirve la merienda, té, café, leche con tortas, pasta frola o pasteles, y el mate que nunca falta, si fuimos previsores y llevamos el equipo de matero.

 

Es hora entonces de prepararse para la noche campera que tiene su encanto, de pronto se asoman las primeras estrellas, y en el nuevo salón Pampa donde se sirve la cena se puede acceder a un piso superior donde encontramos un cálido ambiente con sillones que invitan a disfrutar de la  lectura de alguno de los libros que ofrece una pequeña pero interesante biblioteca, para los mas movedizos en el subsuelo hay otro espacio con una mesa de pool, otra de ping pong y un metegol.


La noche en el campo es un verdadero placer, teniendo en cuenta que el descanso es otro, sobre todo para quienes vivimos en grandes ciudades. Sabemos que al otro día nos espera el domingo que fuimos a buscar, junto a amigos o familia. Nos vamos encontrando todos en el desayuno, y cada uno elige que quiere tomar, leche, mate cocido, té, café,, para comer hay panes caseros con manteca y dulces; La mañana avanza y se va mezclando con la llegada de la gente que viene a pasar el día, y todo se llena de colores bajo una gran mesa apoyada sobre el verde pasto con una gran picada compuesta de variados escabeches, bocaditos, salames y quesos con pan casi recién horneado.


Mientras, el salón más grande se prepara para que una vez sentados y ubicados en cada una de las mesas los comensales podamos disfrutar de una sabrosa empanada criolla, mientras marchan los mozos con distintos cortes de carnes asadas, pollo y achuras que podemos acompañar con algunas de las ensaladas que se encuentran en una mesa central. Para terminar, el postre que se propone es flan casero, helado o ensalada de frutas.


Seguir disfrutando es la consigna, haciendo alguna de las actividades que ya se han hecho u otra de las que ofrece la estancia.


Ya casi sobre el final de la estadía, se viene una excelente despedida con la merienda tradicional con tortas fritas o pasteles, mate cocido, té o café con leche; Y el broche de oro,  la foto de todos juntos que nunca falte como recuerdo del fin de semana campestre compartido con familia o amigos.

 
 
 
 
 
 
     
 
 
 
     
 
     
 
 
     
     
 
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